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Un año completo de Betar
  Un año completo de Betar  
Reuven nos contó su experiencia en Israel.

 

Me puse a conversar con Reuven un muchacho que vino de Sudáfrica mientras esperábamos que el micro se pusiera en marcha una vez más a la salida de Jerusalén. Estábamos los dos parados al lado del chofer (el micro estaba lleno porque había sido la fiesta Sigd, en la que los judíos etíopes peregrinan en masa a Jerusalén) y ya no recuerdo como empezó la conversación. Reuven estaba terminando el año del programa Shnat Betar y esa misma semana se volvía a Sudáfrica (por lo menos por un tiempo, según me dijo).

 

Este viaje a Rishon LeTzion que yo pensaba hacer durmiendo había comenzado con el pie izquierdo: a las pocas curvas de la bajada de Jerusalén  alguien se desmayó. Así que mientras que un doctor se ocupaba del pasajero, nos pusimos a charlar al costado de la ruta.

 

Reuven estaba de paseo ya, en los últimos días libres que le dejaba el programa para despedirse de sus familiares en Israel (una abuela en Rishon, primos en Beit Shemesh, tíos en Kiriat Gat). Había pasado un año increíble, ¡y eso que al principio había tenido miedo de venir! Me contó que luego de que la segunda guerra del Líbano terminara su grupo fue enviado como voluntario a pintar las escuelas en Tiberíades, junto al lago Kinneret, para que los chicos de la ciudad pudieran volver a clases y se sintieran mejor. Había estado ocupado también en otros proyectos para ayudar a los habitantes del norte. Pero lo que más le había gustado fue el tiempo que pasó en MADA (Maguen David Adom) como asistente de los médicos que proveen primeros auxilios. Le había tocado atender sobre todo cosas livianitas: golpes, cortes. Me dijo: "lo más común es ayudar a gente que se cae por las escaleras en la ciudad vieja de Jerusalén", y yo me imaginé los escalones incontables que tienen los cientos de escaleras de la ciudad vieja y que son tan bonitos de ver, y no me pude hacer la idea de que eran riesgosos.

 

 Cuando la ambulancia para el desmayado llegó, me señaló a dos chicos que cargaban mantas y aparatitos y me dijo: "esos también son voluntarios internacionales, como yo". Le pregunté cómo sabía, si los conocía de vista y me respondió: "no, se les puede ver por la cara de concentrados que ponen, los médicos siempre están relajados, bromean con el paciente y luego cuentan chistes de como les fue en tal o cual lugar".

 

Reuven hablaba un hebreo bastante bueno, porque nació en Israel pero era chico cuando sus padres se fueron a vivir a Sudáfrica por trabajo. Pensaba ponerse a estudiar marketing en una universidad sudafricana y quizás luego venirse a vivir aquí: "me encanta Israel, la recorrí toda. Viviría aquí". Le dije: ¿viste el Mar Muerto? – Sí – ¿y fuiste a la playa en Rishon? – Sí, - ¿y esto, y lo otro? Si, y sí. Me dijo que había estado viviendo en los edificios nuevos de Kiriat Moriá con un grupo de sudafricanos, australianos, e italianos y que al lado, estaban también los argentinos, brasileros, uruguayos, costarricences y un montón de otros participantes de distintas tnuot con los cuales había compartido montones de experiencias. "Salí con una chica durante mi estadía, pero además me hice de una amiga que ahora somos como hermanos y que hoy justo se vuelve a Sudáfrica pasando por Londres, y... y... ¡me olvidé de llamarla para desearle buen viaje!" se acordó de repente mirando su teléfono celular y me sonrió poniéndose colorado.

 

Las luces de las montañas que rodean Jerusalén que cambiaban lentamente de posición ya hace rato que habían desaparecido. Nos despedimos apurados porque yo ya había llegado a mi destino en Rishon y le saqué una foto mientras me enumeraba las comidas sudafricanas que extrañaba y con las que pensaba atiborrarse en menos de una semana: carne seca de buffalo y avestruz (billtong), un puré con salsa llamado "pap", mango verde agridulce... y las comidas israelíes que ahora iba a extrañar: el falafel, el shawarma, las burekas, el hummus, las kebab...

 

¿Quieres saber más del programa Shnat Hajshará de Betar? Haz click aquí.


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